PISA 2025: suspendemos en comprensión, pero seguimos discutiendo quién tiene la culpa
Hay informes que uno lee con un café. Otros requieren café, tila y cierta dosis de preocupación.
El último informe PISA 2025 pertenece claramente a la segunda categoría. Y no porque España se haya convertido de repente en un desastre educativo. Tampoco porque nuestros jóvenes sean una generación perdida, como algunos parecen disfrutar anunciando cada vez que aparece un ranking internacional.
El problema es bastante más incómodo: España está perdiendo rendimiento educativo y, al mismo tiempo, seguimos enfrascados en la eterna batalla de quién tiene la culpa.
La izquierda culpa a la derecha. La derecha culpa a la izquierda. Unos culpan a la LOMLOE, otros a la pandemia, otros al móvil, otros a los profesores, otros a los padres y, si seguimos buscando culpables, acabaremos responsabilizando hasta a los abuelos, convertidos demasiadas veces en educadores por obligación, mientras intentan que sus nietos descubran a Cervantes en un mundo diseñado por el algoritmo.
Mientras tanto, el alumno sigue teniendo un pequeño problema: necesita aprender.
España baja. Y no precisamente para coger impulso
Los resultados de PISA 2025 dejan una fotografía preocupante.

España queda por debajo de las medias de la Unión Europea y de la OCDE en las tres competencias principales.
Pero hay un dato que debería preocuparnos especialmente: la comprensión lectora.
Porque un país puede sobrevivir a una generación que no domine perfectamente las ecuaciones de segundo grado. Siempre habrá una calculadora cerca. Lo que resulta mucho más peligroso es una generación con dificultades para comprender textos complejos, distinguir argumentos, interpretar información o detectar cuándo alguien está intentando venderle una opinión como si fuera un hecho.
Eso ya no es solamente un problema educativo. Es un problema social y democrático.
Leer parece que se ha convertido en una actividad de riesgo
España obtiene 451 puntos en lectura, frente a 459 de la Unión Europea y 461 de la OCDE.
Y hay un dato especialmente inquietante: solamente alrededor del 2 % del alumnado español alcanza los niveles más altos de competencia lectora, frente a aproximadamente el 6 % de la OCDE.
Tenemos, por tanto, dos problemas simultáneos.Tenemos alumnos que necesitan ayuda para alcanzar unos conocimientos básicos y, además, tenemos relativamente pocos alumnos capaces de alcanzar niveles elevados.
Es decir: nos preocupa el suspenso, pero también debería preocuparnos que la excelencia sea demasiado escasa.
La auténtica igualdad consiste en conseguir que un niño que nace en una familia humilde tenga las mismas posibilidades de desarrollar su talento que otro que nace en una familia con una magnífica biblioteca, clases particulares, idiomas, ordenador y un adulto disponible para ayudarle con los deberes.
Matemáticas: sabemos llegar al aprobado, pero nos cuesta fabricar excelencia
En matemáticas España obtiene 457 puntos, seis por debajo de la media europea y de la OCDE.
Hay, sin embargo, una paradoja interesante. El porcentaje de alumnos que alcanza al menos el nivel básico es relativamente bueno. El problema aparece en el extremo superior: solamente alrededor del 4 % alcanza los niveles 5 y 6, frente a aproximadamente el 8 % de la OCDE.
Traducido al lenguaje de andar por casa: conseguimos que muchos lleguen a la orilla, pero nos cuesta bastante ayudar a quienes pueden cruzar el océano.
Y esto debería preocuparnos en un mundo donde cada vez tienen mayor importancia la ingeniería, la inteligencia artificial, la programación, la estadística, la biotecnología, la energía o el análisis de datos. Una sociedad moderna necesita ciudadanos con cultura científica, pero también necesita científicos, ingenieros, investigadores y profesionales capaces de empujar la frontera del conocimiento.
Ciencias: la mejor noticia… con letra pequeña
En ciencias obtenemos nuestro mejor resultado: 477 puntos.
Estamos relativamente cerca de la media europea y de la OCDE. Además, aproximadamente tres de cada cuatro alumnos alcanzan al menos el nivel básico.
La letra pequeña vuelve a aparecer cuando observamos la excelencia: solamente alrededor del 4 % alcanza los niveles superiores, frente a aproximadamente el 7 % de la OCDE. Tenemos una base razonable, pero necesitamos elevar el techo.
Y entonces aparece una sorpresa: nuestros jóvenes no son precisamente unos analfabetos digitales
Aquí PISA 2025 introduce un matiz que conviene destacar. En resolución computacional de problemas, España obtiene 499 puntos, prácticamente en la media de la OCDE y por encima de la media de la Unión Europea.
Esto desmonta otro de esos tópicos que circulan con facilidad: “Los jóvenes de hoy no saben utilizar la tecnología”.
La cuestión parece ser otra. Saben utilizarla, lo que tenemos que conseguir es que aprendan a utilizarla para pensar. Y aquí entra la inteligencia artificial. Más de la mitad del alumnado español declara utilizar semanalmente herramientas de IA generativa para ayudarse a aprender. La respuesta educativa no puede ser simplemente prohibirla.
Hay que enseñar a utilizar la IA para:
- formular mejores preguntas;
- contrastar información;
- detectar errores;
- comparar argumentos;
- verificar fuentes;
- mejorar un texto;
- y, sobre todo, pensar antes de copiar y pegar.
La inteligencia artificial puede ser una magnífica herramienta educativa. Pero también puede convertirse en una magnífica máquina para aprobar sin aprender. La diferencia dependerá, precisamente, de la educación que seamos capaces de ofrecer.
El gran mapa de las desigualdades
PISA 2025 nos devuelve a una realidad profundamente española: el código postal sigue teniendo demasiado peso.

Los resultados presentan diferencias enormes entre comunidades autónomas como para despacharlas con un: “Cada comunidad tiene sus circunstancias”. Precisamente por eso hay que analizarlas.
Si Asturias, Madrid, Castilla y León o Cantabria consiguen resultados superiores a la media española, la pregunta progresista no debería ser quién gobierna allí. La pregunta debería ser: ¿Qué están haciendo para que funcione?
Madrid gana el ranking, pero tampoco conviene sacar pecho demasiado pronto
Madrid aparece entre las comunidades con mejores resultados y encabeza matemáticas y ciencias. Pero existe un pequeño inconveniente que nos impide convertirlo en una fiesta autonómica: Madrid también ha empeorado respecto a 2022.
La explicación es bastante sencilla: en algunos casos no se sube porque uno mejore, sino porque los demás bajan todavía más. Y eso debería hacernos sospechar de los rankings utilizados como arma política. PISA 2025 no debería servir para decir: “Mi comunidad gana”. Debería servir para preguntar: “¿Qué estamos haciendo mal y qué podemos aprender de quien lo hace mejor?”
Hay una buena noticia para quienes creemos en la educación pública
No todo son malas noticias. España presenta una desigualdad educativa asociada al origen socioeconómico menor que la media de la OCDE en algunos indicadores. En ciencias, la diferencia entre alumnado favorecido y desfavorecido es de unos 71 puntos, frente a aproximadamente 85 en la OCDE.
Y existe otro dato especialmente relevante: una proporción significativa del alumnado desfavorecido español consigue situarse entre los estudiantes de mayor rendimiento. Eso demuestra algo fundamental: la escuela pública todavía funciona como ascensor social.
Quizá no suba tan rápido como quisiéramos. Quizá tenga demasiados ascensores averiados. Pero sigue existiendo, y eso es precisamente lo que debemos proteger.
El problema es que el ascensor necesita mantenimiento
El informe señala importantes dificultades relacionadas con la falta de profesorado y, especialmente, de personal de apoyo. Una proporción muy elevada del alumnado estudia en centros cuyos directores señalan que la falta de personal de apoyo dificulta la enseñanza.
Y aquí convendría recordar algo bastante elemental: no existe innovación educativa capaz de sustituir a un profesor cuando faltan profesores.
Podemos poner pizarras digitales, plataformas educativas, inteligencia artificial y hasta un robot con bata en la puerta del instituto. Pero si un profesor tiene que atender simultáneamente a demasiados alumnos, demasiadas necesidades y demasiada burocracia, el sistema acaba pasando factura.
Y tenemos otro problema: el absentismo
Más de un tercio del alumnado español declara haber faltado al menos un día completo de clase durante las dos semanas anteriores a la evaluación de PISA 2025. La cifra es claramente superior a la media de la OCDE, y aquí aparece una verdad incómoda: un alumno que no está en clase no puede aprender ni con la mejor metodología del planeta.
El absentismo no debe abordarse solamente como un problema disciplinario. Hay que investigar sus causas: pobreza, desmotivación, problemas familiares, dificultades de aprendizaje, exclusión social o desconexión con el sistema educativo, y actuar antes de que el alumno desaparezca definitivamente del radar educativo.
Entonces, ¿qué debería hacer una izquierda progresista?
Aquí está la parte verdaderamente importante. Si somos progresistas, no podemos limitarnos a defender que la educación pública es buena. Tenemos que conseguir que sea la mejor, y eso exige combinar dos palabras que durante demasiado tiempo se han presentado como enemigas:
EQUIDAD + EXCELENCIA
No hay ninguna contradicción entre ambas. Al contrario: la excelencia solamente es realmente progresista cuando deja de ser patrimonio de quien puede pagarla.
Diez medidas para salir del bucle
1. Un Plan Nacional de Comprensión Lectora
Lectura diaria y transversal en Primaria y Secundaria. No solamente literatura: prensa, ciencia, historia, gráficos, textos digitales y alfabetización mediática. Porque leer bien no es únicamente entender una novela, es también entender una nómina, una noticia, una estadística, un contrato, una sentencia o un programa electoral.
2. Refuerzo antes del fracaso
No esperar a que un alumno acumule suspensos. Utilizar indicadores de rendimiento, absentismo y dificultades de aprendizaje para activar apoyos tempranos. La intervención educativa debe llegar antes que el fracaso, no después.
3. Más recursos donde más problemas existen
No tiene sentido financiar exclusivamente por número de alumnos. Los centros con mayor complejidad social necesitan más profesores, orientadores, especialistas y trabajadores sociales. Un centro con 500 alumnos no tiene necesariamente las mismas necesidades que otro centro con otros 500. La igualdad exige repartir los recursos de forma desigual cuando las necesidades son desiguales.
4. Reducir burocracia docente
Menos formularios. Menos reuniones que podrían ser un correo. Menos papeleo administrativo.
Más tiempo para:
- preparar clases;
- coordinarse;
- evaluar;
- atender individualmente al alumnado;
- trabajar con las familias.
5. Una verdadera carrera profesional docente
Más formación, acompañamiento y reconocimiento profesional, y un sistema de incorporación para nuevos docentes basado en formación práctica y tutorización. El profesor que comienza no debería enfrentarse solo a un aula de treinta adolescentes pensando: “Ahora veremos qué ocurre”. Debería tener detrás a un profesional experimentado que le ayude a aprender también a enseñar.
6. Matemáticas para comprender el mundo
Más resolución de problemas, más estadística, más probabilidad, más interpretación de datos, más programación, más razonamiento, y menos memorización mecánica cuando esta no aporta comprensión.
PISA 2025 mide precisamente la capacidad de aplicar conocimientos, no simplemente recordarlos.
7. Inteligencia artificial con pensamiento crítico
No prohibir la IA por miedo a lo desconocido.
Hay que enseñar a preguntar, contrastar, verificar y detectar errores. Un alumno puede utilizar IA para elaborar una respuesta y después tener que demostrar que entiende cada afirmación, eso convertiría una herramienta potencialmente peligrosa en una herramienta educativa extraordinariamente potente.
8. Pantallas con criterio
Ni tecnofobia ni barra libre, libro cuando sea mejor, papel cuando sea mejor, ordenador cuando aporte valor, laboratorio cuando sea necesario, y debate cuando sea imprescindible.
La tecnología debe estar al servicio de la pedagogía. No al revés.
9. Un Fondo Estatal de Igualdad Educativa
Un mecanismo de financiación que permita aportar más recursos a los centros y territorios con mayores dificultades socioeconómicas y educativas, no para uniformizar España, y con el fin de garantizar que: el código postal no determine las oportunidades educativas.
10. Convertir las buenas prácticas en política pública
Estudiar qué funciona en Asturias, Castilla y León, Madrid, Cantabria y en aquellos centros que obtienen resultados especialmente buenos. No para copiar modelos e implantarlos a cascoporro, si no para medir → adaptar → experimentar → evaluar → volver a medir. Eso se llama política pública basada en evidencia, y de verdad no debería ser revolucionario, aunque, visto el panorama, quizá si lo sea.
Porque PISA 2025 no debería convertirse en otra guerra cultural
Sería muy fácil utilizar estos resultados para construir otro relato partidista:
- “La culpa es de la izquierda”.
- “La culpa es de la derecha”.
- “La culpa es de la LOMLOE”.
- “La culpa es de la pandemia”.
- “La culpa es de los móviles”.
- “La culpa es de los padres”.
- “La culpa es de los profesores”.
Probablemente todos tengamos alguna explicación parcial, pero ninguna explica por sí sola lo que está ocurriendo, y mientras nosotros seguimos repartiendo culpas, los datos siguen bajando.
La verdadera pregunta
PISA 2025 debería provocar una discusión bastante más ambiciosa. No sobre quién gana el ranking, qué partido puede utilizar un dato contra el contrario, o qué comunidad puede presumir durante una semana, sino sobre qué país queremos construir dentro de veinte años.
Porque enseñar a leer no consiste únicamente en preparar a un adolescente para sacar una buena puntuación en PISA 2025. Consiste en darle herramientas para comprender el mundo.
Enseñar matemáticas no consiste solamente en resolver ecuaciones. Consiste en aprender a distinguir un dato de una manipulación.
Enseñar ciencias no consiste solamente en aprobar un examen. Consiste en comprender cómo funciona la realidad.
Y educar no consiste solamente en formar trabajadores. Consiste en formar ciudadanos capaces de pensar por sí mismos.
Una última reflexión para quienes nos consideramos progresistas
Defender la educación pública no puede significar conformarnos con que sea pública. Tenemos que exigir que sea: excelente, inclusiva, exigente y capaz de compensar las desigualdades de origen.
Y aquí está quizá la gran lección de PISA 2025:
NO TENEMOS QUE ELEGIR ENTRE IGUALDAD Y EXCELENCIA.
TENEMOS QUE CONSEGUIR QUE LA EXCELENCIA DEJE DE SER UN PRIVILEGIO Y SE CONVIERTA EN UN DERECHO.
Ese debería ser el verdadero proyecto progresista para la educación española y, mientras tanto, quizá podríamos empezar por algo revolucionario: leer el informe completo antes de discutir quién tiene la culpa.
PISA es una evaluación internacional de competencias y no una radiografía completa del sistema educativo. Sus resultados deben interpretarse teniendo en cuenta factores sociales, económicos, culturales y metodológicos.
Por eso conviene utilizar PISA para formular preguntas y buscar respuestas, no para fabricar titulares partidistas, porque si convertimos cada informe educativo en otra batalla entre rojos y azules, quizá acabemos demostrando precisamente aquello que PISA 2025 nos está diciendo que debemos evitar:
que nos falta comprensión lectora.




