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Opinión,  Política

La Vigencia del Liberalismo en la Actualidad

Del siglo XVIII al XXI sin pasar por la ITV: la odisea del liberalismo

🧠 Introducción

Hablar del liberalismo hoy puede sonar tan retro como hablar de fax o de enciclopedias en papel. Pero no nos engañemos: esta corriente de pensamiento, que un día fue la gran revolución intelectual contra reyes y déspotas, sigue respirando —aunque a veces jadee un poco entre mercados financieros, burocracias infinitas y políticos con alergia al “interés general”.

Para entender su situación actual, haremos un recorrido (sin GPS, pero con brújula histórica) por tres perspectivas básicas: la teórica, la práctica y la evolutiva. Spoiler: el liberalismo no está muerto, solo anda un poco confundido con las actualizaciones del sistema.

📚 Perspectiva Teórica

En teoría —y subrayamos “en teoría”— el liberalismo sigue sosteniendo las mismas banderas de siempre: libertad individual, división de poderes y derechos naturales e inalienables. Vamos, el combo que prometía un mundo justo, libre y racional.

La burguesía ilustrada cocinó la receta: un toque de racionalismo, una pizca de progreso colectivo y una buena dosis de confianza en el individuo. Resultado: un sistema político que desbancó a reyes absolutistas y déspotas ilustrados que decían gobernar “por el bien del pueblo” (pero sin preguntar mucho al pueblo).

Con el tiempo, el liberalismo fue engordando a base de matices y reinterpretaciones, hasta acabar compartiendo gimnasio ideológico con conservadores, socialistas y comunistas. Eso sí, todos en máquinas distintas.

El problema vino cuando el mercado —ese amigo que siempre promete pagar la próxima ronda— se volvió el protagonista. El liberalismo acabó convertido en su propio spin-off doctrinario: mucho discurso sobre libertad, pero con el poder económico escribiendo buena parte del guion político.

Y mientras tanto, los proyectos supranacionales (hola, Unión Europea 👋) intentan coordinar valores comunes entre países que ni siquiera se ponen de acuerdo en la receta de la tortilla de patatas. Resultado: un liberalismo global que quiere ser cosmopolita, pero a veces parece un turista despistado.

⚙️ Perspectiva Práctica

En la práctica, el liberalismo ha sido el pilar de las democracias modernas. O al menos, eso dice su currículum. Gracias a él tenemos Estados constitucionales, elecciones libres y la libertad de criticar a nuestros gobernantes… en Twitter, claro.

Pero la palabra “liberalismo” hoy es un cajón de sastre donde cabe de todo: neoliberales, socialdemócratas, ecologistas, democristianos… y algún que otro oportunista ideológico con vocación de influencer.

El resultado: un banquete ideológico donde todos brindan por la libertad, pero cuando llega la cuenta, de pronto nadie encuentra la cartera, y termina pagando el de siempre……., el ciudadano.

Mientras tanto, los mercados —que no votan, pero mandan— siguen marcando la agenda. Y el poder político, cual aprendiz de malabarista, intenta mantener el equilibrio sin que se le caiga el Estado del Bienestar por un lado y la confianza ciudadana por el otro.

Por si fuera poco, los cambios de gobierno convierten cada elección en una especie de “reset” de valores, prioridades y políticas públicas. Y claro, el ciudadano medio acaba tan mareado que ya no sabe si vive en una democracia liberal o en una beta de prueba del próximo parche institucional.

Ah, y no olvidemos el pequeño detalle de la corrupción: ese virus que afecta por igual a liberales, socialistas y demás especies políticas. Cuando los escándalos estallan, el liberalismo se defiende diciendo que “no todos son así”… pero el daño ya está hecho, y los populismos sacan músculo prometiendo limpiar la casa (con resultados, digamos, discutibles).

🌍 3. Perspectiva Evolutiva

Desde un punto de vista evolutivo, el liberalismo es como ese personaje de serie que nunca muere del todo: cambia de look, se reinventa y sigue apareciendo en la siguiente temporada. 📺

Primero vino el absolutismo (seguridad sin libertad), luego el despotismo ilustrado (todo para el pueblo… pero sin el pueblo), y finalmente el liberalismo, que nos vendió la idea de que éramos libres, racionales y soberanos. 🕊️

El problema: también somos impacientes, manipulables y adictos al consumo. 🛍️

Así que la gran pregunta es:

¿Sigue teniendo margen el liberalismo o ya va siendo hora de pasarle el antivirus? 🧩💻

Quizás ha llegado el momento de una reingeniería política, un “Liberalismo 4.0” compatible con la realidad y menos dependiente de los parches del mercado.

Claro, todo depende del nivel de madurez de la sociedad… y de si queremos evolucionar o seguir discutiendo de ideologías mientras el mercado y los algoritmos deciden por nosotros. 🤖

🏁 Conclusión

Después de recorrer sus luces y sombras, podemos decir que el liberalismo sigue siendo una opción viable… con la condición de que deje de comportarse como ese sistema operativo que no acepta actualizaciones desde 1989. ⚡

Si logra:
✅ Liberarse del poder de los mercados,
✅ Fortalecer la división de poderes,
✅ E incorporar valores democráticos y sociales reales,

…entonces tal vez aún tenga futuro. 🌅

Porque, seamos honestos: en política, como en las series largas, los guiones se reciclan, los personajes envejecen, pero mientras haya público, la función continúa. 🎬

Liberales

Ensayo original realizado en Junio de 2014

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