La Plaza del Círculo: donde las ideas se abrazan (y no se atrincheran)
Porque pensar juntos sigue siendo el acto más revolucionario que existe.
💬 Think tank, ¿se puede……?, soy la Plaza del Circulo
Si uno observa el mapa de los think tanks actuales, parece más un tablero de Risk que una plaza pública.
Ahí están los grandes laboratorios de ideas de derechas —bien financiados, bien planchados y con un Excel para cada emoción humana—, construyendo estrategias políticas con la misma pasión con la que un contable organiza sus clips.
Su misión, a menudo, no es tanto pensar como convencer. No tanto reflexionar, sino posicionar.
Suena bonito eso de “centro de pensamiento”, pero si rascamos un poco, a menudo son más bien fábricas de argumentarios, donde la creatividad se mide en puntos porcentuales de intención de voto.
Y en medio de ese panorama tan serio y competitivo, aparece La Plaza del Círculo.
No es un búnker de expertos, sino una plaza abierta, luminosa y ruidosa en el mejor sentido.
Un espacio donde el pensamiento se mezcla con el arte, la emoción y el sentido del humor.
🌿 Un impulso con nombres propios
Es un espacio de encuentro para el dialogo, especialmente paran aquellos que opinan diferente. En el corazón de esta iniciativa está Juan Lobato, político madrileño, jurista y, sobre todo, optimista incorregible.
Lobato lleva tiempo repitiendo que la política necesita menos trinchera y más conversación, menos eslogan y más escucha.
Y de esa convicción nace La Plaza del Círculo: un lugar donde las ideas no se diseñan para ganar debates, sino para entendernos mejor como sociedad.
Su papel no es el de un “líder” al uso, sino el de un anfitrión de ideas.
Alguien que pone la mesa, invita a gente diversa y deja que cada cual traiga su plato intelectual favorito.
Un impulsor que cree que la reflexión puede y debe tener una sonrisa.
A su alrededor se ha reunido un grupo de pensadores, artistas, académicos y profesionales del ámbito social y cultural, unidos por una misma intuición: que el pensamiento público necesita más emoción, más estética y, sobre todo, más humanidad.
Entre los impulsores del proyecto encontramos voces con trayectorias diversas —desde economistas y sociólogos hasta escritores, arquitectos y activistas— que comparten un mismo compromiso con la inteligencia colectiva.
Cada uno aporta una mirada distinta, pero todos coinciden en que pensar el mundo es más útil (y más bonito) cuando se hace en común.
💡 Un think tank con alma (y sentido del humor)
Mientras los think tanks de derechas se dedican a decirnos “cómo debería ser el mundo” desde una torre de marfil (con moqueta), La Plaza del Círculo prefiere bajar a la calle, mezclarse con la realidad, reírse de sí misma y escuchar a quienes no suelen tener micrófono.
Aquí las ideas no se guardan en cajones ni se recitan en conferencias infinitas: se viven, se discuten y se celebran.
Porque pensar no tiene por qué ser aburrido, ni elitista, ni monocorde.
En esta plaza del pensamiento, la política se cruza con el arte, la ciencia con la emoción, y el análisis con el café y la ironía.
Es un lugar para quienes creen que una buena idea no necesita corbata, sino conversación.
Y es también una declaración de principios frente a los think tanks de derechas, cuya agenda a menudo gira en torno a la defensa del statu quo, los intereses económicos o los relatos de miedo.
La Plaza del Círculo propone justo lo contrario: pensar desde la esperanza, desde la creatividad y desde la cooperación.
🕊️ Una plaza para pensar juntos
Juan Lobato lo resume con claridad:
“No queremos un espacio donde unos pocos piensen por todos, sino un lugar donde todos pensemos juntos.”
Y en tiempos de ruido, redes y polarización, eso suena casi poético.
Pero también profundamente necesario.
La Plaza del Círculo no quiere ganar una guerra de ideas: quiere abrir un baile de perspectivas.
Porque en el fondo, pensar juntos —sin dogmas, sin miedo, con humor— sigue siendo el gesto más valiente que una sociedad puede hacer.
Así que si alguna vez te has sentido fuera de lugar entre tecnicismos y tertulias broncas, acércate a la Plaza.
Aquí las ideas se escuchan, se abrazan y, si hace falta, se contradicen con cariño.
Porque, como decía Galdós, “las ideas no se matan”… pero se pueden cuidar mucho mejor.



